Isabel De la Fuente

El día que empezó todo

Todos sabemos que los eventos que cambian las vidas son fortuitos e inesperados. ¿Quién hubiera creído que, para Kevin, ese momento empezaría con un partido de fútbol de la Mayor League Soccer de EEUU?

El calor del mes de julio envolvía el estadio mientras Kevin y su familia animaban con entusiasmo a los Colorado Rapids. A su lado estaban Marco y Lucía, amigos desde hacía tiempo, acompañados por sus hijos, Emilia y Mateo. Entre risas, gritos y camisetas del equipo, ambas familias compartían algo invisible para los demás, pero profundamente significativo: la experiencia de cuidar a un hijo que necesitaba atención médica especial. Lachlan, el hijo menor de Kevin, había nacido con fístula traqueoesofágica, es decir, su esófago no estaba conectado con el estómago, mientras que la hija mayor de Marco y Lucía, Emilia, de diez años, tenía atresia biliar de nacimiento, una condición que impedía que la bilis fluyera del hígado al intestino delgado. Y aunque ya había tenido una cirugía al nacer, sabían que era cuestión de tiempo el que Emi necesitara un trasplante de hígado.

Ese día, Emilia llevaba un tanque de oxígeno y noticias del médico: no podría ir a visitar ese verano a su familia de México. Según le explicaron Marco y Lucía a Kevin, su oxigenación había decaído progresivamente por lo que su situación se estaba agravando y esto ya comenzaba a ser peligroso. Emilia necesitaba someterse a un trasplante de hígado lo antes posible. La reacción de Kevin sorprendió a todos por inesperada y generosa: él se ofreció a ser el donador. Después de este encuentro y de insistir numerosas veces, Marco y Lucía aceptaron muy agradecidos que Kevin se hiciera las pruebas de compatibilidad. Y el resultado fue positivo, al parecer, Kevin era donante universal. Emilia estaba extasiada, ya que además de todo lo que conlleva la enfermedad, uno de sus grandes miedos a sus diez años, era recibir un órgano de una persona fallecida. Para la familia de Marco y Lucía, esto representó una oleada de esperanza y gratitud que rápidamente se extendió desde el pequeño pueblo de Colorado donde viven, hacia otros lugares del mundo como la Ciudad de México e incluso Madrid y Barcelona.

La historia de Kevin

Desde la infancia, Kevin siempre se había sentido diferente y su autoestima se había visto menoscabada. Su manera de ver la vida y de reaccionar ante distintas situaciones le habían convencido de que él no era “suficiente”, pero no sabía por qué. Lo que tampoco sabía es que esta misma diferencia le salvaría la vida a una niña. El origen de su singularidad se debía a un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, una condición que afecta la concentración y el control de impulsos y se manifiesta entre otras cosas, en inquietud e impulsividad. El dice que, en el caso de Emi, su condición fungió como escudo psicológico en el proceso previo al trasplante. En su mente, todo tiene cierto grado de riesgo, pero, cuando puedes ayudar, ¿por qué no hacerlo?

Durante todo el proceso previo al trasplante, Kevin siempre reaccionó con indiferencia a los riesgos que le exponían los médicos. No fue hasta el mismo día de la cirugía que sus pensamientos lo traicionaron y su miedo se hizo al palpable ante la posibilidad de no despertar y de dejar sin padre a sus hijos y sin marido a su mujer. Pero ese miedo se disipó al recordar que él estaba en una posición para poder ayudar a Emi.

Lo que no le advirtieron fue el impacto hormonal al que se enfrentaría. Durante los días de hospitalización posteriores a la intervención, la fatiga, el dolor por la herida y su alta sensibilidad le permitieron reflexionar sobre sí mismo, sobre sus valores y sobre cómo ve el mundo y a sí mismo. Se dio cuenta de que, realmente la cirugía le había dado más a él de lo que incluso le dio a la misma Emilia. Su vida se llenó de propósito y gratitud y encontró a una versión de sí mismo con la que verdaderamente se sentía cómodo. Finalmente, había aprendido a aceptarse a sí mismo tal y como era.

Impacto

Hoy, cuatro años después, Emilia se encuentra mejor que nunca. A pesar de esto, Kevin no se considera un héroe. Él cree firmemente que todos y cada uno de nosotros podemos regalar bondad y generosidad, por más pequeña que sea la acción y por más aterradora que sea. “Si la gente hiciera pequeños gestos de bondad y generosidad la misma cantidad de tiempo de la que, por ejemplo, se dedica a rezar, el mundo sería significativamente mejor”, menciona Kevin. No hay un límite en la generosidad y bondad del ser humano y no hay acción demasiado pequeña.

La vida está llena de incertidumbre y lo mejor que podemos hacer es, cuando estamos en posición de ello, ser generosos y “regalar” actos de bondad. Es profundamente liberador dejar de lado el miedo y aprender a decir “si”.

Kevin siempre se sintió diferente, pero nosotros debemos aspirar a ser como él. Al preguntarle qué fue lo que le inspiró a tomar esa decisión y actuar con tanta generosidad él contesto: “Porque puedo y me hace feliz”.